Sucedió de forma muy casual y autodidacta. En 1989 me regalaron una cámara réflex justo antes de viajar a Cuba. Sin tener ni idea, de repente tenía en sus manos una Yashica FX3 totalmente manual,
un zoom 35-70mm f 3.5-4.5 y un flash, por lo que no tuve más remedio que espabilar. La verdad es que no me fue del todo mal, y con la ayuda de un clásico (35mm de Michael Langford) y mucha inquietud, pude tirar millas y fotos dignas. Una bonita cámara y un buen libro, con los que me enganché.
