Las Cascadas de Ouzoud

Después de un largo viaje de unas tres horas en coche desde Marrakech, se llega a un pueblecito rural llamado Tanaghmeilt, que pertenece a la provincia de Azilal, entre alto y medio Atlas. Es una zona llena de olivos, donde a medida que caminas entre sus ramas, puedes escuchar como la calma del Oued Ouzoud, afluente del río Abid, deviene estruendo al dejarse caer 110 metros, justo donde aparecen las Las cascadas de Ouzoud. Una vez pasados ​​los primeros efectos de vértigo a asomarse a la caída del río, se puede ver los pequeños y antiguos molinos que aún siguen funcionando y la amalgama de colores verdes, rojizos y blancos. Después empieza el descenso hacia el fondo de las cascadas, para ello hay que pasar por un camino donde hay montadas paradas pensadas obviamente para los turistas. Más adelante se encuentra una familia numerosa de monos, que mientras desciendes por un intrincado camino de escalones, te asaltan descaradamente para pedir comida a cambio de dejarse fotografiar. Es al llegar exhausto cuando te das cuenta de que valía la pena, porque el espectáculo es sin duda fascinante. Ver la caída de agua desde este ángulo se merecen todos los escalones bajados. El aire está salpicado por el agua, y la humedad se pega por todo el cuerpo. Tuve que limpiar las ópticas varias veces porque se quedaban mojadas por las gotitas que flotaban en el ambiente, después las limpié más a fondo, ya que el alto contenido en carbonatos del agua, me dejó los filtros realmente manchados. Los turistas más “valientes” pueden subir a unas pequeñas embarcaciones en forma de balsa, para ver y mojarse más de cerca, mientras que los saltadores se lanzan desde las rocas, haciendo si cabe, más espectacular la escena.

Foto: Marta Casals

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